Cuidar la convivencia: la paz es fruto de la justicia

El Colegio El Salvador no es ajeno a la problemática política social que atraviesa nuestro país, nos preocupa y hace necesario que mas que nunca reflexiones y hagamos propia nuestra propuesta educativa, aquella que, mediante su Misión y Visión pretende lograr la movilidad social,  formar al hombre nuevo en conocimientos y habilidades necesarias para un desempeño exitoso como “ciudadano democrático” regido por los principios del evangelio que indican un desarrollo ético y moral para la vida. Inclusión, solidaridad y excelencia educativa son los pilares en los que la institución cimienta su trayectoria y por lo mismo adherimos a la declaración de Los Obispos del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal que llaman a todos los actores políticos y sociales a “hacerse cargo de los conflictos, de escuchar y empatizar con los sufrimientos y malestares cotidianos de la sociedad chilena” tal como se plantea en el siguiente documento:

  1. Los acontecimientos vividos este viernes 18 de octubre del presente año en Santiago son de la mayor gravedad y motivo de gran preocupación tanto por sus causas como por su desarrollo y sus efectos. Entendemos que son parte de un proceso que venimos experimentado durante décadas y que tiene consecuencias profundamente humanas que no podemos ignorar. Aunque es compleja su adecuada comprensión y la búsqueda de verdaderas soluciones es deber de todos realizar un esfuerzo mancomunado especialmente autoridades y dirigentes sociales para descubrir esas causas y recorrer los caminos de solución los que no se darán sin la participación de la mayoría.
  2. Estos hechos dolorosos y traumáticos son una imperiosa llamada para continuar creando una cultura del encuentro y la comprensión capaz de escuchar y empatizar con los sufrimientos y malestares cotidianos de la sociedad chilena en materias laborales de salud seguridad ciudadana educación vivienda pensiones situación de pobreza y los desafíos humanitarios de la inmigración entre otros.

La primera obligación de todos los que ejercemos algún tipo de liderazgo en el país es comprender el profundo malestar de personas y familias que se ven afectadas por injustas desigualdades por decisiones arbitrarias que les afectan en su vida diaria y por prácticas cotidianas que consideran abusivas porque lesionan especialmente a los grupos más vulnerables.

  1. Condenamos decididamente la violencia que se ha dado en la capital del país con agresiones a personas destrucción de bienes saqueo de locales comerciales y la privación a cientos de miles de compatriotas de un servicio de transporte que es la base del funcionamiento de la ciudad. Pero para que esta condena sea efectiva tenemos que hacernos cargo de entender las raíces de esa violencia y trabajar con urgencia para prevenirla detenerla y generar formas pacíficas de hacerse cargo de los conflictos. Es necesario un nuevo esfuerzo en este sentido porque “tomar en serio la política en sus diversos niveles -local regional nacional y mundial- es afirmar el deber de cada persona de toda persona de conocer cuál es el contenido y el valor de la opción que se le presenta y según la cual se busca realizar colectivamente el bien de la ciudad de la nación de la humanidad” (San Pablo VI Carta ap. Octogesima adveniens 14 mayo 1971 n.o 46).
  2. La función y la responsabilidad política constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un bienestar digno y fundado en la justicia y la paz. La política si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida la libertad y la dignidad de las personas puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de caridad. Todos tenemos responsabilidad en generar una convivencia ciudadana y una amistad cívica que evite la violencia física y verbal pero están más obligados a ella quienes han recibido la responsabilidad de conducir la sociedad. Es urgente la participación de todos a través de canales legítimos para procesar participativamente las demandas sociales la búsqueda de una vida digna y un bienestar integral poniendo a las personas en el centro de la vida del país.
  3. Es hora de pasar de la preocupación a la acción y a la validación y creación de escenarios que nos permitan entender los cambios que ha experimentado la sociedad chilena de manera que las instituciones puedan estar al servicio del bien común desde las complejas y nuevas realidades que caracterizan a la sociedad de hoy. Es hora de mirar con verdad a rostro descubierto nuestras riquezas y éxitos y nuestros conflictos y fracasos. Las autoridades los partidos políticos la sociedad civil y sus organizaciones las universidades e intelectuales la propia gente organizada tenemos que dialogar sobre el país que queremos para embarcarnos en la construcción de una sociedad que todos sintamos como propia y

que todos nos comprometamos a cuidar como nuestro más preciado bien común.

  1. Basado en la amistad cívica Chile necesita un diálogo social centrado en las personas en sus modos de convivir y habitar la casa de todos y una amistad cívica fundada en el bien común esto es en instancias donde los actores políticos sociales y económicos puedan prescindir de sus intereses particulares para trabajar por proyectos consensuados en que la mayoría nos reconozcamos. Cada compatriota tiene un aporte que hacer y las autoridades desde sus diversos ámbitos de responsabilidad deben saber escuchar la voz de su pueblo. En el corazón de este nuevo esfuerzo hay una enseñanza de Jesús que sintetiza este nuevo estilo que hoy se nos exige: “Quien quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos” (Mc 935).
  2. Pedimos a todas nuestras comunidades y a las personas de buena voluntad orar por la paz social y la amistad cívica en nuestro país y que el buen Dios nos ayude a abrir nuestra inteligencia y nuestra voluntad en la búsqueda de nuevos caminos de entendimiento y comprensión mutua.

EL COMITÉ PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE

Santiago Silva Retamales

Obispo Castrense de Chile

Presidente

René Rebolledo Salinas

Arzobispo de La Serena

Vicepresidente

Celestino Aós Braco

Administrador Apostólico de Santiago

Juan Ignacio González Errázuriz

Obispo de San Bernardo

Fernando Ramos Pérez

Administrador Apostólico de Rancagua

Secretario General