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Comunidad

Saludo acto inaugural año escolar 2010

Estimada Comunidad Educativa, reciban este original y afectuoso saludo de bienvenida en un contexto que jamás nadie hubiese deseado para el inicio de un año escolar y menos aún como inauguración de las celebraciones del Bicentenario.  El fuerte sismo que ha diezmado a gran parte de nuestra población ha dejado profundas heridas en el alma y el cuerpo de innumerables familias, también entre nuestros apoderados. Algunas de esas heridas tardarán tiempo en sanar mientras que otras simplemente quedarán como testigo de experiencias que sin duda nos han hecho crecer y madurar en humanidad.  Todos hemos sufrido, pero es distinto el modo en que los chilenos hemos enfrentado el dolor, la preocupación y la angustia, propia y ajena.  El sismo no sólo ha dejado al descubierto las grietas propias de la geografía y la arquitectura, sino también aquellas que desde hace tiempo han venido socavando las bases de nuestra cultura y sociedad. Hemos visto heroísmo, santidad y generoso compromiso con las víctimas, incluso aquí mismo en nuestra casa y en nuestro San Vicente, pero junto con ello conductas aberrantes y vergonzosas.  Confiamos en que las grietas serán reparadas y nos volveremos a poner de pie, pero nos preocupan esas otras fracturas asentadas en el alma de Chile, esa porción de compatriotas que han revelado una faceta de egoísmo, de irresponsabilidad e inconsciencia que nunca pensamos tan patente ni tan profunda.  Y no me refiero sólo a quienes han saqueado y robado, sino sobre todo a aquellos profesionales y empresarios inescrupulosos que han lucrado con vidas humanas construyendo trampas mortales en vez de hogares, o siguen sacando provecho de la terrible situación que padecen tantos. Ése no es el Chile que fundaron nuestros antepasados, ni tampoco es el Chile que queremos para estos nuestros niños y jóvenes. Fundar una Patria distinta, moderna de verdad, cimentada sobre hombres y mujeres con nobles valores, de corazones heroicos, es la tarea que debe asumir cada familia, cada escuela y cada ciudadano. Es la tarea y lección que nos deja el dolor, el desafío que nos impone el Bicentenario.

En este contexto nuestro Colegio está llamado a asumir un rol protagónico, pues su misión educativa se acrisola en el encuentro mutuo de la fe con la realidad histórica, cultural y política, abrazando la razón pedagógica como instrumento transformador del sujeto y la sociedad. Este afán centenario, propio del carisma y espiritualidad barnabita, ha llevado a la Provincia Chilena a tomar partido, desde las ideas y la acción, en favor de los más postergados y perseguidos.  El Colegio nunca ha sido colegio de Iglesia por atender a caprichos antojadizos de particulares que no buscan en la fe más que su propia conveniencia, sino por ser voz profética en la defensa de los Derechos Humanos y en la lucha contra la pobreza, pero no desde el asintencialismo social, sino desde su original labor educativa entendida como herramienta eficaz para romper los círculos de pobreza e injusticia, al tiempo que lucha para derribar esas conductas viciadas que hoy nos molestan y  hieren nuestra convivencia.

Al celebrar el Bicentenario, esta Comunidad educativa debe mirar su propia historia a la luz de la historia y dolor de Chile, y reencantarse con el significado social de la educación en un País que pretende ser más moderno, democrático y desarrollado. El lema que nos anima este año tiene que ver con esto. “Libres en la verdad, solidarios en la justicia”, es la invitación del Colegio El Salvador a mirar nuestro pasado reconociendo en sus hitos y personajes luces y sombras, aciertos y errores, orgullos y fracasos. Tal mirada tranquila y desprejuiciada nos devuelve la libertad que necesitamos para convocar y convocarnos en la tarea pendiente: un futuro más justo y virtuoso que permita refundar Chile como una nación cuyo desarrollo implique  -a la vez- cultura y economía, es decir, el cuerpo y el alma.
La estrella que estos alumnos han puesto hoy es la primera pieza de una obra que irá armándose paulatinamente con el correr de los meses, pero es mucho más que eso: es la esperanza activa, es la invitación a levantarse y levantarnos para construir juntos esa Patria que hoy anhelamos, es nuestro compromiso con el futuro de Chile. Hoy no es el tiempo para mirar atrás, hoy no es el tiempo para pensar en sí mismo. Cada miembro de esta Comunidad debe sentirse invitado a sentar las bases de una nueva sociedad, a escribir con total entrega y sacrificio un capítulo en la historia de nuestro Colegio y del País del cual nos sintamos orgullosos ahora y siempre. Recordando las enseñanzas del Padre Zacarías Penati, un Chile en el que nuestra mayor preocupación no sea tener más, sino ser más.

P. Humberto Palma O., c.r.s.p. Rector.

La vuelta a clases como una oportunidad

Psicólogas de la UC elaboraron una serie de recomendaciones para que los profesores contengan de manera apropiada las emociones que el terremoto desató en sus alumnos. Es clave hablar de lo que pasó y de las medidas de seguridad necesarias ante un movimiento telúrico. Desde este año, el currículum escolar incorpora más contenidos sobre el tema.  Manuel Fernández Bolvarán: “Lo que no debe hacerse es empezar el año escolar como si nada hubiera pasado”.
Esta es una de las primeras recomendaciones que elaboró un grupo de especialistas de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica, con el fin de que los colegios aborden la tragedia provocada por el terremoto desde el primer minuto del nuevo año escolar. “Cuando hay una tragedia de esta magnitud, todos se ven afectados, incluso quienes viven lejos de la zona de más destrucción”, explica María Rosa Lissi, integrante del equipo. (siga leyendo)
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